LOS HEMISFERIOS DEL DOLOR

Estoy escuchando a Toto live mientras escribo (en este momento "Don't Chain My Heart" y nadie ose decirme que es retro) sobre algo que me tiene pensando en especial en estos días: los lados o hemisferios del dolor.
Debo reconocer que no me agrada estar en los extremos de esos hemisferios. Para nada. En momentos de crisis y dolor del alma es difícil mantener la objetividad. Y creo que algunos nos hemos propuesto de forma inconsciente al menos mostrar que somos calmos, serenos, adultos y sabios lo suficiente, algo así como Yodas de "el largo camino de la vida". Pero vamos... es difícil serlo en verdad. O bien optamos por buscar refugio, cariño y contención y sólo eso; lloramos, llamamos a amigos a horas inusitadas, seudo amenazamos con no volver a confiar en nadie más, nos encerramos Y LO HACEMOS NOTAR, como diciendo: "HOLAAA, ESTOY SUFRIENDOOOO, HOOLAAA".
Y mientras Greg toca su solo (y si, es humano; o nunca te equivocaste?) y la banda se prepara para la intro de "Rosanna" digo: no quiero los extremos del dolor. No quiero llorar en todos los hombros posibles, y tampoco quiero hacer como si nada, como si estuviera de vuelta en la vida. No quiero negar lo innegable. Duelen la soledad, las pérdidas, los desamores, la indiferencia, las humillaciones, duele el alma.
¿Cuándo nos permitimos llorar todo lo que había que llorar un dolor del alma por última vez?
¿Cuándo fué que admitimos un fracaso, una derrota, un amor no correspondido de pareja, de amistad, de familia o iglesia?
¿Cuándo fué la última vez que nos permitimos sentir como humanos normales y nos quitamos la capa de super-cristianos-superados?
Y algo aún más inquietante: alguna vez nos quitamos de encima los preámbulos y las frases hechas que usamos para orar en público y hablamos con Dios desde el corazón, sincera y desnudamente?
Dolor. Heridas que sangran por dentro. Angustia. Miedo. Llanto incontenible, ganas de gritar. Ganas de estar solo. Ganas de abrazos. Reacciones del hombre de carne hueso y corazón hechos por Dios que somos -hablo de género, obvio-. Y ni siquiera nos atrevemos a pronunciar estas palabras,como si fuesen pecados imperdonables, como si estuviese prohibido el dolor. Como si el dolor me ensuciara.
Y no estoy haciendo apología de ello. Simplemente sucede, está. En algún momento, tal vez ahora está.
Yo? Lloro cuando algo me duele en el corazón por la razón que sea. Y detesto que me pregunten al respecto, y detesto los decálogos de autoayuda cristiana. Pero sé que pasará. Mi Padre no me dijo que sería fácil ni que no tendría batallas contra otros y contra mí misma, pero puedo confiar en medio del dolor y dejarme abrazar por él, porque Él venció. Eso me respalda, me asegura que puedo superarlo con él. No sé cómo ni sé cuándo, pero puedo. Al menos es la paráfrasis que me nace de "En el mundo tendréis aflicción..." etc.
Vuelve a comenzar el primer disco de Toto. Todo vuelve a empezar. Y recuerdo la canción de Drexler: "tu corazón va a sanar... va a sanar..."
Ya se me mixan Toto y Drexler, esto es extraño. Hasta pronto.
